Siempre jovenes
23:36:00
por Juan Carlos Garnica
Una Mirada que estremece en un esplendor físico, un Titán que juega al basket lo mejor que la raza pueda donar al juego.
Sin duda, a nadie dejaba indiferente esa fiereza, esa furia contenida; pudo jugar al basket o a lo que quisiera.
Lo suyo era ganar, solo existía eso, por eso un banquillo allende el océano era su peor pesadilla. Allí llegó con ilusión de pionero y de allí volvió, acaso decepcionado al ver que el mundo tenía límites.
Ya no fue el mismo, luchaba contra si, no estaba contento pues había visto la Puerta de Tanhasuer, y sabía que jamás llegaría a traspasarla.
La Parca lo llamó a toda velocidad, vivió en el exceso y en el exceso murió, dejando el inconfundible perfume de la grandeza.
No de este mundo.
Él era el basket y la bola lo sabía; en sus manos giraba, botaba y salía despedida a su antojo, como un yo-yo mágico, diseñado para hacer feliz al mundo.
Llegar a ese estado de dominación del Arte le llevó muchos años de interminables sesiones de entreno, a veces en solitario, cuando nadie dicta tu destino, donde la voluntad de ser el mejor es el único credo.
Europa se le quedaba pequeña y fue con su magia a la Meca, mas no llegó a su Meta, el fato había dictaminado que debía morir joven y dejar un cuerpo bonito.
Y sólo queda el recuerdo de un príncipe, de un virtuoso, alguien que hace del camino a la belleza un método obsesivo y espartano.
Demasiado bello para envejecer.
Cuando fallece joven alguien que fue compañero de enteras generaciones y espejo de tantas tardes perdidas en una cancha, hasta que el sol decía no, queda un concepto de lo imposible, un matiz de lo incierto, del que nace, inevitable, el dolor de la mortalidad.
Si aquel a quien admiramos fue atrapado ¿Que será de nosotros, simples seres humanos?
Lo que parecía salvaje es domado, lo que se nos antojaba remoto, o al menos lo suficientemente lejano para extender la brumosa senda de la veneración, cae a plomo, sobre la misma tumba que nos llevará a nosotros.
Nunca la igualdad entre los hombres fue tan cruel y despiadada como cuando quien fue sueño se convierte en realidad, de carne y hueso.
Pero queda el recuerdo, falso y tramposo, aunque libre.
Y, sobre todo, queda la Belleza derramada.
Siempre jóvenes, siempre frescos y poderosos, nunca se olvidará vuestro paso por esta Tierra, ni que eligierais al Basket para mostrar, en todo su esplendor, vuestra poderosa llama de la Pasión.
*NOTA: Sencillo homenaje a Fernando Martín y a Drazen Petrovic.
0 seres inteligentes han dicho y tú, ¿a qué esperas?