Fordlandia: una ciudad utópica, una ciudad fantasma (II)

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Uno de los problemas de Ford fue sin duda su ubicación, elegida por los ingenieros de la compañía, sin tener en cuanta la opinión de ningún botánico. Plantaron 200 árboles por acre de tierra, cuando estudios posteriores demostraron que el número de árboles idóneo hubiese sido 7. El rendimiento de las plantaciones, como cabe esperar, no fue el deseado. Los árboles plantados no crecían al ritmo deseado y en el momento que lo hicieron una plaga terminó con sus hojas, convirtiendo a los árboles en inútiles para su industrialización.

Los trabajadores brasileños lucharon por el trabajo nocturno, evitando así las horas de sol (recordemos que se trabajaba de 9 a 17) algo que no estaba contemplado en el “sistema de vida americano” y el descontento por la improductividad poco a poco fue haciendo mella entre los trabajadores.

En la urbanización de Fordlandia nadie reparó en la lluvia. El terreno montañoso y la humedad se convirtieron en el caldo de cultivo perfecto para los mosquitos. Los cuales transmitían la malaria.

Las revueltas se convirtieron en algo habitual entre los trabajadores y los directivos de Ford decidieron abandonar primero la fábrica y más tarde la ciudad. Cuando intervino el ejército brasileño, tardaron tres días en cruza la selva, la revuelta ya había finalizado.

Tras la revuelta Ford decidió contratar a un botánico (mejor tarde que nunca pensaría el pobre Henry) el cual, tras diversas investigaciones decidió emplazar una nueva ciudad 50 millas más abajo llamada Belterra, poco a poco la nueva ciudad se mostró más prospera que la primera, pero los árboles crecían de manera lenta. Tras 10 años de explotación de Ford logró 750 toneladas de caucho (su idea era conseguir 35000).

La paupérrima explotación de las tierras y los desarrollos científicos es decir, la introducción del caucho sintético llevaron a Ford a abandonar su proyecto perdiendo en esta aventura 20 millones de dólares en ella (que actualmente serían comparables a 200 millones de dólares).

Actualmente Fordlandia, que solo estuvo habitada dos décadas, es un pueblo fantasma engullido por la selva. Siguen en pie sus casas coloniales, su hospital, su iglesia… pero nadie pisa sus aceras o pasea por sus calles. Es una ciudad fantasma.

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