Poesía, música y un sombrero

¿Realmente pensabais que no diría nada del concierto de Leonard Cohen? Y es que a las 22.00, ni un minuto más, ni un minuto menos, el canadi...

¿Realmente pensabais que no diría nada del concierto de Leonard Cohen?

Y es que a las 22.00, ni un minuto más, ni un minuto menos, el canadiense aparecía ayer en el escenario del Auditorio de Castrelos. Traje gris, de ese gris que parece casi negro, y sombrero a juego, esa imagen que hemos visto una y otra vez del poeta se hacia realidad ante mis ojos. No os voy a engañar Cohen no es de mis artistas predilectos, quizás por la edad, quizás por el ritmo o quizás vete-tú-a-saber-por-qué pero de lo que no hay ningún tipo de duda es que Leonard Norman Cohen es uno de esos artistas con un aura especial.

Pisó el escenario, se levantó el sombrero para saludar y en ese mismo momento cayó la primera (de bastantes) ovación de la noche. Comenzó con Dance Me To The End Of Love y buena parte del auditorio comenzó a recitar como si se tratasen de plegarias. No había duda Cohen llegó, vio y venció, ya no le hacía falta nada más, había ganado la guerra sin librar una batalla.

El concierto fue diferente al resto: primera parte de una hora, descanso de media hora y hora y media más de palabra, de sabiduría, de música reducida a su esencia más básica. Y aunque Cohen se rodea de una banda magnifica, de un coro maravilloso, está claro que lo que brilla por encima de todo es su grave voz que recorría Castrelos como si de un terremoto se tratase.


No faltó ninguno de sus clásicos: I’m Your Man o Take This Waltz pero sobre todo brilló Hallelujah… y si bien brilló he de decir que me esperaba más, como cuando la vi cantar a Rufus (en DVD, aun no he tenido la suerte de ver a Rufus Wainwright en vivo) cuando una canción te pega en el estómago, cuando te agarra del cuello, como… y es que quizás tenía razón David: “Cohen es un poeta” y probablemente como tal no tenga precio ¿y como cantante? Tampoco, Cohen, al igual que su acompañamiento, no falló en ningún momento, todo estaba medido, pensado, preparado.

Sin duda soy consciente que he asistido a un concierto irrepetible (más a un cuando Leonard Cohen ha retomado su aparcada carrera tras un fiasco económico del que a buen seguro se resarcirá), un concierto puro, limpio, perfecto… Y quizás tanta perfección sea una barrera para llegar a algo más.

Aquí os puede interesar

2 seres inteligentes han dicho y tú, ¿a qué esperas?